Fernando Valls, profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona, respetado crítico literario y autor del recien publicado estudio sobre microrrelatos Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español (Páginas de Espuma), publica hoy dos cuentos inéditos míos en su blog de literatura La nave de los locos.
A Fernado lo conocí en Berlín -cenando muy cerca de la plaza donde vivió Billy Wilder- y muy amablemente me enseñó parte de la ciudad.
En la foto, enfrente de la casa donde vivió E.T.A. Hoffman en Berlín. A él se le intuye en el reflejo del cristal de la izquierda.
Gracias Fernando.
A la hora de la comida, se reunieron los siete en asamblea extraordinaria y procedieron a la votación: aquella misma tarde, Blancanieves bajaría a la mina.
El próximo miércoles 12 de noviembre a las 19:30 en el Teatro Alhambra de Granada se presenta el último libro de poemas, “Los labios celestes” de Alejandro Pedregosa.
La presentación correrá a cargo del escritor Juan Varo Zafra y se amenizará la velada con la música del pianista Alberto Vázquez Cazorla.
Este libro ha sido galardonado con el prestigioso premio de poesía “Arcipreste de Híta” 2007 y se encuentra publicado en la editorial valenciana Pre-textos.
Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo esta algo ladeado lo que ve es el paragüero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para que. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.
(La foto salió movida - Julio Cortázar)
La foto es de Mario Muchnik y la comenta en este video:
“En esta foto estaba de muy buen humor, de excelente humor. Y le gustó la idea, yo no le dije nada de las gafas, pero yo le tomé tres fotos en este momento, así… así con la cabeza porque él quería que en alguna yo apareciera reflejado…o sea él era consciente del efecto que se podía lograr.”
Llevo rotos más de cuarenta espejos. Me he estado engañando todo este tiempo pero ya no puedo obviarlo más: no me caigo bien. Esa es la triste verdad. No me soporto. Odio la manera en que me muevo, como ando, la forma tan hipócrita de desear los buenos días a gente tan mezquina como yo, las trágicas artes que utilizo para acercarme a las mujeres. Aborrezco como remuevo el café de las mañanas y el de las tardes, la forma de sorber la sopa, el modo en que me cuelgan esas horrorosas corbatas que yo mismo elijo, mi risa barata, el tufo que desprende la colonia con la que día tras día insisto en perfumarme y lo peor de todo, ese rostro al que me enfrento cada nueva mañana.
Si no me suicido es por no darme ese gusto.
En el sueño, hacía lo imposible por conseguir el teléfono de aquella compañera de trabajo con la que sólo se había cruzado una vez por los pasillos. Era tal el ansia desbocada de obtenerlo a toda costa que se despertó sudando.
Los días pasaron y volvió a sumergirse en la monotonía, sin darle más importancia hasta la mañana en que volvió a cruzarse con ella.
Ahora, no hace más que dormir para ver si logra arrancárselo.
Dios, encolerizado con Adán, le arrancó una costilla y se la quedó mirando pensativo.
Tras un largo silencio, sonrío para sí por la ocurrencia y devolviéndosela le dijo: ‘anda, póntela o será peor’.